De León Ferrari para Nuna Mangiante, en su muestra que inaugura mañana en la sala principal de Wussmann

 

Cerca nuestro, cerca de ustedes que leen estas palabras, hay un lugar cuyas torres culminan con una cruz que se usaba  para castigar herejes o inventores de nuevas creencias, donde se dicen misas, donde entran y salen personas vestidas de negro, donde se huele incienso y zapatos usados, donde se reflejan luces de colores que atraviesan santos y vírgenes pintados  de rojo, de azules y verdes, en vidrios sostenidos con tiras de plomo

La Iglesia que conocemos ha distribuido millares y millares de templos, capillas, catedrales y basílicas por todo el planeta. Cada una de esas iglesias tiene varios confesionarios.  Si se hiciera un dibujo sobre una esfera, se indicara con un punto, o con alfileres, el sitio donde ese confesionario se encuentra, tendríamos una red que puede parecer estar sosteniendo o encerrando o encarcelando al mundo en el que vivimos.  Por medio del confesionario, y de los otros sacramentos del catolicismo, el Papa, la Iglesia, mantiene un contacto, un vínculo con los creyentes, una suerte de cordel, soga, cuerda invisible que se mueve con el portador. Si corporizamos esas cuerdas, veremos al planeta sostenido o sosteniendo una red incomprensible que se mueve sigilosamente, que se mueve como se movería un ser vivo de ese tamaño y de esa extrañísima conformación

Nuna Mangiante tacha con grafito, espeso grafito, las puertas del confesionario virgen de confesiones que ella construyó, o  sobre la fotografía de un confesionario verdadero que escuchó las confesiones de centenares que pidieron perdón, y lo  obtuvieron a cambio de algunos padrenuestros, que copularon adulterinos, que fornicaron sin casamiento religioso, que se divorciaron y pretendieron consumar un nuevo matrimonio, que utilizaron alguno de los medios para copular sin embarazar, que se masturbaron, que tuvieron “malos pensamientos”, es decir que utilizaron el sexo que Dios inventó en forma diferente, alternativa, a como el inventor del sexo dispone que se utilice el sexo que inventó.

Las obras de Nuna se destacan por significar una valla que el arte, en general silencioso, levanta frente a los avances de la iglesia sobre los derechos de los incrédulos. Y descuella resplandeciente por su originalísima parquedad, negro+blanco+foto+grafito, y por el resultado que logra sumando su intención a los medios que utiliza para expresarla. Nuna gracias.

 

León Ferrari, 10/8/08

 

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