Archivo mensual: julio 2008

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El arte de vivir

La casa del Tigre tiene el aire de un refugio verde finisecular. está pintada de amarillo rabioso y escoltada por árboles centenarios que crean un misterioso desfiladero verde. Ese es el refugio de Carlos Páez Vilaró desde hace veintipico de años, cuando decidió que su proverbial hospitalidad tendría una escala en las dos márgenes del Río del Plata, esa pampa de agua que nos une a los queridos orientales.
De madera y chapa, con memoria, inglesa y colonial, la casa, que era de los Erhart del Campo, tiene una carga de nostalgia acentuada por los recuerdos del creador de casa Pueblo que la ha convertido en su museo personal. La recorro y recuerdo, inevitable, el bastión de Punta Ballena,  destino y punto de encuentro de personalidades del espectáculo, el arte, la música y  el jet-set.
En el Tigre, el artista vuelve a ser el anfitrión perfecto,  tiene su Casa Pueblo, con asador y mesa generosa, redonda, para veinte comensales y con un árbol magnífico como sombrilla vegetal. De saco azul cruzado, sonrisa seductora y copa en la mano, Páez Vilaró  me saluda con  la calidez de un amigo de siempre, como si nos hubiéramos visto ayer. Sabe todo, recuerda todo, conoce a todos, es un encantador de serpientes, divertido, oportuno,  un charmeur en el mejor sentido de la palabra. A los ochenta y pico, es el triunfador de muchas batallas. La última fue en el quirófano, a corazón abierto, con todos los riesgos menos uno: “tener a Dios de copiloto y al mejor cirujano del mundo”, se rie.
Su mujer Annette, una rubia espléndida con pinta de sueca, altísima, mundana, de mirada sabia, ubica a los comensales y arranca el asado que será pantagruélico como corresponde a un uruguayo de ley.  La conversación deriva por todos los temas, lógico, hace escala en Punta del Este, ese pedazo de Argentina definido por su perfecta geografía peninsular.

Alicia y Carlos en la casa del Tigre

 Recuerda Carlos cuando vivía en un molino abandonado, donde hoy se levanta el brillo cinco estrellas del Conrad. Para él,  Punta es resumen de  alpargatas, arena y un plato de rabas en el Mejillón bar. Entonces, por suerte, no existían los RRPP ni las fiestas mediáticas. El tema que sigue, obligado, es la muestra del Museo del Tigre, el éxito de público, el cariño de la gente y el entusiasmo del intendente Sergio Massa que ha dado el puntapié inicial para que la retrospectiva del maestro Carlos Páez Vilaró se haga.
A los postres llega Massa, un tipo joven, en casual sunday de jeans y zapatillas, cero formalidad, que disfruta del arte y cree en el ancla que será  MAT  para el turismo local e internacional. Diana Saiegh, directora del museo, asiente, Páez Vilaró, que de esto sabe, ya está imaginando proyectos futuros. No serán Gunther Sachs ni Brigitte Bardot, sus viejos amigos de veranos en Saint Tropez, pero por qué no su nueva amiga, la tromba colombiana Shakira sacudiendo melena y caderas en la pasarela del que fue el viejo Casino y hoy es un activo centro del arte argentino???

Hasta la próxima
Alicia de Arteaga

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Primera persona: Diego Beyró

 

  • La mayoría de mi familia es artista, por lo tanto naturalmente siempre pinté, me gustaba dibujar y cuando salí del colegio estudié bellas artes un año. Después me cambié, creo por miedo, a la publicidad que era un poco más fácil y ahí fui creativo y director de arte, y después me di cuenta que tampoco era eso, entonces volví a pintar.
  • Creo que todavía estoy buscando mi técnica, lo que hago ahora es pintura pero la trabajo como dibujo, entonces veo que mi interés está en algo muy anatómico y muy…no sé si usar la palabra “clásico”, pero se acerca a eso, a algo más académico. Trato a la pintura como una forma de dibujo pero también de forma académica, me gustan los volúmenes, por eso en esta etapa de mi vida estoy haciendo blanco y negro, grises. Como que también me estoy estudiando a mí.

 

  • Para llegar a la pintura sobre las sábanas empecé por lo de los niños que era una experimentación y se empezó a convertir en obra porque yo la sentía muy expresiva, y también expresaban mucho para los demás. Los primeros modelos para los niños fueron mis sobrinos, que son mi propia sangre. Yo sentía que los usaba a ellos para gritar, por ese grito que quizás no hice cuando era un niño, ya que por alguna cuestión no grité tanto, entonces estoy gritando ahora que soy adulto a través de ellos que son niños. Es un grito desaforado que incluye todo, pasando desde la angustia hasta la diversión, hay gente que ve en ese grito a un niño pidiendo una golosina y hay gente que ve a un niño angustiado.
  • Me interesa pensar en las expresiones y en la boca abierta como un gesto de decir un mar de palabras, el niño grita como símbolo de la niñez, y ahora me interesa indagar en la juventud y para mí la juventud es el orgasmo de la vida, hoy los jóvenes en general vivimos el orgasmo de la vida, el éxtasis. Por lo tanto, me pareció bien manifestarlo con caras en el momento del éxtasis, y después surgió lo de la sábana como una idea, un soporte que está bien relacionado.

 

  • El diseño, la publicidad y la gráfica tienen que basarse mucho en el arte, hay mucha gente del mundo de la publicidad que tiene intenciones artísticas todo el tiempo pero es muy difícil volcarlas en el oficio, es imposible, ya que hay clientes de por medio, pautas, cosas que inhiben todo eso. Lo que me pasaba a mí cuando vivía del mundo del diseño y la publicidad es que eran frustraciones todo el tiempo, porque no podés hacer lo que querés sino lo que te piden. Todo parte de un pedido, no de una intención.
  • El artista joven siempre está sometido a mucha presión, porque hay mucha gente que está esperando algo, sobre todo la gente que me conoce. El no éxito me intranquiliza, y el éxito te pone nervioso porque lo tenés que sostener. Como decía Maitena: cuando sos joven todavía no sos un artista consagrado, después cuando sos un artista reconocido ya pasaste de moda y al final sos importante solo cuando te morís.

  • Hace un año me convocó Fabrica, que es como un laboratorio artístico de diseño y comunicación de la familia Benetton, y le dan becas a jóvenes de menos de 25 años de todo el mundo, y hay distintas disciplinas y la gente experimenta, se trabaja con pedidos de clientes de bien público, social. Hay mucho desarrollo en multimedia, fotografía, música. Es muy bueno porque hay un montón de jóvenes y aprendés mucho de los otros, de los tutores. Vivir en Europa es muy interesante, llegar a Italia, yo que soy amante del renacimiento, fue buenísimo. Casi todos los artistas que trabajan el cuerpo humano me generan mucha admiración, en mi adolescencia fui muy fanático de Dalí y ahora estoy volviendo a valorarlo. También por eso me gusta mucho el Renacimiento.
  • Me encanta la moda, cuando vivía aquí en Argentina, me compraba la Vogue, todas esas revistas. Me encantan las producciones de moda, me fascinan y no sé porque tanto.Es un lenguaje que me gusta, el flash, me gusta mucho sacar fotos.

  • Con respecto a la muestra en Wussmann tengo un problema porque soy muy ambicioso y tengo muchas expectativas, sobre todo porque siento que ya no vivo más acá entonces hacer una muestra en Buenos Aires es genial, y sé que va a venir un montón de gente que me quiere y que quiero. La gente viene a la muestra y yo ya no puedo hacer nada, todo queda entre la gente y lo que le pasa con la obra. Esa intriga me inquieta bastante.
Diego Beyró, “Expresiones”, inaugura en la sala 2 de Wussmann el 29 de julio a las 19 hs.
Entrevista y fotos: Rodrigo Podestá.

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